La comunicación en la era de la Inteligencia Artificial
Inteligencia Artificial, ¿herramienta o enemiga?
La llegada de la Inteligencia Artificial nos permite contar con más y mejores herramientas a la hora de plantarnos en el rol de comunicadores, pero ¿qué sucede cuando las herramientas de generación artificial generan conflictos en una sociedad hiperconectada y sobreestimulada?
Una de las grandes facilidades a la hora de comunicarnos y conectarnos a través de los entornos digitales viene de la mano de la conexión a internet: la eliminación de la barrera del tiempo lineal. Si bien esto décadas atrás nos pareció un plus de la conexión sin fronteras geográficas ni temporales, actualmente forma parte del conflicto de la sobreproducción en línea. El no poder soltar el teléfono nos aterra, por momentos nos hace sentir desconectados del mundo, y, en un contexto de alta demanda en producción digital, nos genera incluso sentimientos de culpa al no generar contenido de alto valor en la inmediatez. Es en este momento donde más se valoran los mejores algoritmos de la IA, los cuales nos pueden proveer de contenido en cuestión de segundos.
En este entorno de producción masiva con prompts genéricos, se plantea un nuevo desafío para las venideras generaciones de comunicadores: la producción real de contenido con contextualización, el plus que nos vuelve necesarios en un presente tenso. Si bien la IA puede resultar útil en función de su velocidad, es necesario recordar que su algoritmo está alimentado con contenido alojado en línea, el mismo contenido cargado de sesgos (de sexo, género, edad, etc.) reproducidos y masificados que llevan años circulando por la web. Estos pueden potencialmente aparecer en sus respuestas, y es ahí donde la tarea de un editor se vuelve fundamental. Al comprender la complejidad de los matices sociales en los cuales se encuentra insertado, el comunicador humaniza el contenido y se corre del rol de mero redactor, mientras navega la web plagada de ruido y contenido sintético, seleccionando, editando, aprendiendo, nutriendo su criterio profesional.
A su vez, el comunicador se enfrenta al desafío de encontrar la forma de habitar los espacios de producción de sentido junto a la IA, aprovechándola como herramienta, sin considerarla necesariamente una competencia directa. De este modo, sumando a la IA como recurso y no como enemiga en el campo laboral, se podrá resignificar y revalorizar la tarea del comunicador, quien podrá optimizar el uso de su tiempo para crear más y mejores estrategias que se alineen con el criterio del entorno de producción.
Nuevas estrategias para optimizar los resultados
La delegación de tareas repetitivas como la transcripción de audios o la generación de subtítulos para contenido audiovisual le permite al comunicador dedicarle su tiempo a la generación de mejores estrategias, crear redes de networking y crar contenido real con un toque humano.
Parte de la tarea futura del comunicador será seguir ejercitando y alimentando las habilidades blandas que la IA no puede replicar, la empatía, creatividad y ética laboral. Lejos de representar el fin de la era de los comunicadores, la IA nos plantea una nueva era, la de un comunicador con estrategias más finas y delicadas, que piensa en la automatización como una herramienta de optimización de su tiempo en la agenda semanal, lo cual le brindará más oportunidades para continuar su formación en un entorno digital que cambia todos los días y transforma los hábitos tanto de productores como consumidores a la par.
Como toda revolución, la de la IA llegó para irrumpir en las mentes de todos y derrumbar viejos conceptos, mientras da a luz a otros tantos nuevos. Como toda revolución, habrá gente que quede en el camino sin poder adaptarse del todo o a la velocidad que esta requiere. Como toda revolución, dolerá. Pero como toda revolución, va a crear un nuevo mundo, uno en el cual idealmente podamos automatizar tareas para dedicarnos a vivir con menos culpa una vida fuera de la pantalla.