Reflexiones sobre la muerte en la sociedad del like
Lo que pasa por la cabeza de una comunicadora atravesando un duelo.
La muerte no resulta extraña para nadie. A temprana edad se acostumbra incluir el tópico en charlas familiares, dentro del circulo de amigos e incluso es fuente de inagotables memes. Se aprende a respetar el duelo, el espacio intimo del otrx y a valorar la salud mental y emocional. Pero, ¿qué sucede cuando la muerte se vuelve un recurso para el like?
Tomemos de ejemplo el 2020. El mundo de la medicina moderna podía esperar muchas cosas, pero definitivamente no una pandemia. Aislamiento obligatorio son dos palabras que resuenan en la memoria y llevan a escenas desoladoras. Entre la batalla contra el virus y la escalada de las tasas de intento de suicidio, el escenario mundial se llenó de conversaciones en torno a la muerte. En cada diario, en cada pantalla, en cada celular se multiplicaban escenas donde los entierros masivos eran cosa del día a día. Las ventanas de hospitales y centros de salud se volvieron lugares fáciles de monitorear, y con la presencia constante de los medios audiovisuales la gente se volvió inmune a la pérdida. Los números de fallecidxs eran solo números, que subían o bajaban acorde a la semana. La llegada de una vacuna trajo alivio a la comunidad, pero no al debate. El oficialismo comunicaba que las guardias ya no se encontraban saturadas de pacientes, pero la oposición se preguntaba porque no se abrieron más centros ambulatorios de atención inmediata. Cuando los profesionales de la salud dejaron de realizar guardias de 50 horas intubando pacientes se los dejó de aplaudir, del mismo modo en que los medios abandonaron sus puestos de vigilia. No había más dolor que vender ni más morbo para explotar. Por los espacios de quienes ya no están nadie preguntó. Al fin y al cabo ya no están.
El duelo y la tristeza se han visto algoritmizados por redes sociales que son cada vez menos sociables, y que buscan exprimir cada momento de exposición que se pueda lograr. ¿Se dan cuenta de que en presencia de un accidente se encuentra más normalizado solicitar la presencia de los medios que de una ambulancia? La falta de cuestionamiento sobre este accionar lleva la mirada a una sociedad insensibilizada al dolor. Propio, ajeno, colectivo, no importa porque no se siente.
El espacio de ese dolor fue reemplazado por pantallas que se apropian de un duelo que no es suyo, pero que se vuelve moneda de cambio frente a los medios ansiosos de primicias. Las ausencias en cada reunión familiar pierden importancia, en tanto y en cuanto puedan ser vendidas como la historia del día. El morbo de la muerte siempre vende, por eso el género de terror es tan prolífico.
Acostumbrado a que ya nada sea privado, el consumidor promedio demanda más contenido, más novedades y más inmediatez. Las barreras de lo público y lo privado se desdibujan, mientras se ve por televisión abierta como se lleva un ataúd en brazos y se registra a través de una transmisión en vivo cómo se esparcen cenizas de alguien amado en sitios turísticos. Los medios aprovechan el empujón y logran que la pérdida pueda transformarse en el siguiente reel viral.
Hasta que el duelo no vuelva a considerarse una cuestión privada, los muertos de esta sociedad seguirán siendo moneda de cambio.